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EL ESTUDIANTE Y LA CRISIS DE LA ENSEÑANZA PSICOLÓGICA

Autor: Sebastián Blanco Eguiluz.

 

El hecho de ser creado a imagen y semejanza de Dios que es Ser y Amor, sella al ser humano en su realidad más profunda.

(CONTINUACIÓN)

 

II. Creado a imagen y semejanza de Dios

Para nosotros cristianos guarda una inmensa relación con esta nostalgia de infinito el hecho de que el hombre es creado por Dios a su imagen y su semejanza. Cabe preguntarse qué implica esta citada frase del Génesis y cómo toma esto el estudiante de psicología.
Podríamos partir por preguntarnos ¿qué dice Dios de sí mismo?

      Encontramos, por ejemplo, en el Éxodo: «Dijo Dios a Moisés: “Yo soy el que soy”» (Ex 3,14)... Más adelante, ya en el Nuevo Testamento, encontramos que la Primera Carta de San Juan nos dice: «Dios es Amor». Dios es amor, Dios que ES, ES amor, el ser de Dios es Amor, una realidad misteriosa pero a la vez reveladora. Una realidad que ilumina la vocación del ser humano.
Dios Amor crea al ser humano y lo crea a su imagen y semejanza, como nos lo revela el primer capítulo del Génesis, y también el libro de la Sabiduría y las hermosas líneas del Salmo 8. Esta característica de ser creado a imagen y semejanza de Dios sella al ser humano en su realidad más profunda.

      Profundizando un poco más, podemos decir que Dios, que es y permanece siendo, crea al ser humano dándole “ser” e invitándolo “a permanecer”, según el ser que Dios le ha dado, es decir, a imagen de Dios. El hombre imagen de Dios, trae en sí un dinamismo que lo lleva a permanecer siendo lo que es en su realidad profunda. Es así que desde la conciencia y la coherencia con este dinamismo de permanencia el ser humano es impulsado a permanecer siendo desplegándose en el amor, en una sincera y auténtica apertura hacia el Tú divino y hacia los tú humanos. Este despliegue es también un dinamismo que trae todo hombre en lo más profundo de sí y que lo lleva a realizarse en la semejanza con la cual fue creado.

      Siguiendo con planteamientos de Luis Fernando Figari, expuestos en publicaciones y conferencias, podemos reseñar que toda esta realidad dinámica se da en un plano ontológico, donde la mismidad del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, posee estos dos dinamismos fundamentales: de permanencia y despliegue. Por ellos, la persona se encaminará a su realización en la medida en que descubra en sí la imagen de Dios Amor y se despliegue permaneciendo en su Amor.

      El ser humano se presenta como una unidadbio-psico-espiritual. Desde esta visión unitaria del hombre encontramos que los dinamismos fundamentales de permanencia y despliegue, que se encuentran en el plano ontológico de la persona, se expresan también en un plano psicológico, apareciendo como necesidades de seguridad y significación. Esta perspectiva psicológica la podemos encontrar ya en algunas escuelas del siglo XX, pero la reflexión sobre ellas se puede trazar por siglos.

      Por seguridad entendemos la búsqueda del ser humano de ser y permanecer siendo. Queda claro que esta necesidad se relaciona más directamente con el dinamismo ontológico de permanencia. Mientras que la significación guarda una relación más directa con el dinamismo de despliegue, ya que se refiere a la búsqueda del hombre de aceptación y de expresión de amor a sí mismo y los demás. Obviamente estas necesidades no están cerradas en su propia lógica sino que requieren de cualificaciones de orden moral que permitan valorar la orientación que sigan.

      Manteniendo el criterio de que el hombre es una unidad bio-psico-espiritual, estos dinamismos fundamentales de permanencia y despliegue los encontramos también presentes en un plano somático, con sus propias expresiones.

            Todas estas dimensiones que hemos venido recorriendo rápidamente tienen que ser vistas como una unidad, entrelazadas unas con otras, por lo que al aproximarse a la realidad del ser humano viador no se puede prescindir de ninguna de ellas si es que se quiere dar una auténtica visión.

No es poco importante, como vemos, que la persona sea imagen y semejanza de Dios. No hemos pretendido incursionar en los debates sobre el alcance del sentido de imagen y semejanza en sus implicancias teológicas. No es nuestro campo y lo debemos dejar a los especialistas en teología.

Veamos ahora qué lugar ocupa este hecho en la experiencia del estudiante, qué tanta importancia se le da en los programas de algunas universidades, qué tan en cuenta se tiene al querer ayudar a otras personas y qué tanto se conoce su profunda implicancia en el ser humano.

Como común denominador de todas las respuestas sobre este tema está la ignorancia frente a lo que significa ser creados a imagen y semejanza, y qué implicancias tiene ello en la naturaleza del ser humano.

Todas las respuestas fueron sumamente superficiales. Pero, aun así, fue factor mayoritario el reconocer como muy importante el hecho de que no se debía omitir el haber sido creados por Dios a su imagen y semejanza, pues, decían, al tratar a una persona y buscar ayudarle como psicólogos se debe tener en cuenta cuáles son sus características naturales. Fue general la opinión de que este punto no es tocado para nada dentro de los programas durante la carrera de psicología.

 Sobre todo los estudiantes de los primeros años opinaban que el tema debía ser tratado como algo fundamental dentro de la carrera, más allá de la fe personal de cada estudiante. Consideraban que estando en una sociedad de raíces cristianas es lógico hacerlo, que es importante conocer a cabalidad los planteamientos de la Iglesia sobre el ser humano pues son una ayuda a la práctica que se tendrá como psicólogos, y que si alguien no estaba de acuerdo con que se estudiara esto no debía ser motivo para no enseñarlo pues se enseñan tantas otras cosas con las que no todos están de acuerdo y sin embargo aparecen en los programas, sin importar si hieren o no a la fe.

Me llamó la atención que a pesar de que no se conoce a profundidad la importancia que tiene este tema para el ser humano, igual es considerado por la gran mayoría de los estudiantes de los primeros cursos, y algunos de finales de carrera, como fundamental para el psicólogo.
¿Por qué esta desigualdad? ¿Por qué los más jóvenes están más interesados en temas que puedan iluminar la realidad del ser humano y los de cursos más avanzados no? ¿Acaso es un asunto que se refiere a los ideales con que se empieza y que luego son opacados por una presentación funcional e ideologizada de la carrera? ¿O es un efecto de aquel agnosticismo funcional que pone a Dios entre paréntesis o lo excluye definitivamente y que a lo largo de los años va afectando la experiencia personal y de estudios del alumno? Son interrogantes que dejaremos abiertos.

 

CONTINUA ...

III. El pecado y su presencia en el hombre

IV. Jesucristo, Único Reconciliador

         

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Esta investigación de campo ha sido realizada en diversas universidades en Santiago de Chile.

Obviamente en esta exposición me hago responsable de la forma de exponer los puntos según mi personal entender.

Luis Fernando Figari, Nostalgia de infinito, Fondo Editorial, Lima 2002, p. 8.

Ver Catecismo de la Iglesia Católica, 27ss.


 
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Fuente:
© Sebastián Blanco Eguiluz.. Texto de la ponencia presentada por el autor en las Jornadas de Psicología y Pensamiento Cristiano realizadas en la Pontificia Universidad Católica Argentina,  27 y 28 de agosto de 2004. Ha sido publicado en el libro Bases para una Psicología Cristiana. Actas de las Jornadas de Psicología y Pensamiento Cristiano, Pontificia Universidad Católica Argentina, Buenos Aires, 2005.

 

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