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EL ESTUDIANTE Y LA CRISIS DE LA ENSEÑANZA PSICOLÓGICA

Autor: Sebastián Blanco Eguiluz.

 
Cuando el hombre peca, haciendo mal uso de su libertad, ve opacada su imagen y perdida su semejanza, es decir, la imagen que lleva al hombre a permanecer siendo se ve como nublada por las tinieblas del pecado y la semejanza que le permite desplegarse según la imagen, se pierde.

(CONTINUACIÓN)

 

III. El pecado y su presencia en el hombre

      Por la fe bien sabemos que el pecado hiere a la persona y es por el pecado que el ser humano es incapaz de realizarse según el amor, que como hemos visto es lo único que responde a su ser. No entraremos al tema del pecado original, pero lo suponemos. Cuando el hombre peca, haciendo mal uso de su libertad, ve opacada su imagen y perdida su semejanza, es decir, la imagen que lleva al hombre a permanecer siendo se ve como nublada por las tinieblas del pecado y la semejanza que le permite desplegarse según la imagen, se pierde, se destruye. Existen otras interpretaciones, pero esta parece ser la más tradicional entre los Padres de la Iglesia.

      El pecado afecta al hombre motivando una mala decodificación de sus movimientos interiores. Al no poder “ver” su imagen, al encontrarse ciego frente a su ser, el despliegue de la persona no va a orientarse según el sentido con el que fue creado. Se llega incluso a desconocer buena parte de lo que la naturaleza recta le dicta, como se puede ver en diversas culturas, incluso en la cultura de muerte que hoy en día no vacila en legitimar mediante leyes estatales el aborto, por ejemplo. El ser humano se encuentra condicionado en su capacidad de amar, ya que ha perdido la semejanza al apartarse del amor al Creador y caer en las tinieblas del pecado.

      Esta errada decodificación de los dinamismos fundamentales lleva a cada persona que se encuentra sumergida en el pecado a resolver sus necesidades psicológicas de seguridad y significación y sus correspondientes somáticas en la búsqueda de sucedáneos, de falsos ídolos. A falta de una recta lectura y percepción de su mismidad, se presenta una experiencia interior de vacío, de quiebre y la persona tiende a llenar este vacío, no realizándose en el amor, que es lo que la va a hacer feliz, sino buscando, con desorden y angustia, su felicidad en los falsos ídolos del tener, poder y el poseer placer, los tres grandes ídolos de nuestro tiempo.

      Así vive la persona esclavizada por el pecado. Esa fue la condición de nuestros primeros padres luego de la caída original, fruto del mal uso de su libertad; esa es la esclavitud de toda persona que no reconoce su auténtica identidad y opta por los falsos ídolos ya mencionados.
La experiencia de los estudiantes de psicología frente a esta realidad es muy preocupante: muchos no reconocen que el pecado afecta verdaderamente al hombre, lo toman como una manera “simbólica” de explicar los males, pero no como el causante real de éstos. Para la gran mayoría de estudiantes de psicología la existencia del demonio es un invento de las personas para explicar el origen del mal, pero no creen en su existencia real. Incluso se puede decir que existencialmente no reconocen el pecado en sus propias vidas, y tienden a relativizar lo que la Iglesia enseña que es pecado. Esto va parejo con una explosión de subjetivismo que hace que cada quien se convierta en juez y parte sobre sí mismo, y formule sus opciones en términos de derechos u otros semejantes. Llama la atención el influjo de corrientes secularizantes y erradas de psicología como un telón que cubre y esconde la realidad. Por ejemplo el freudismo, cuya naturaleza de ideología y hasta de culto, ha sido señalada por no pocos, llamándose psicología dinámica o bajo otros nombres, lleva a una deformación de la conciencia moral de tal naturaleza que el pecado se convierte en una opción legítima, afectando así la existencia de no pocos estudiantes.

 Hay una coincidencia amplia en considerar que el tema pecado no está presente dentro del programa de psicología de las universidades de los alumnos encuestados. Pero fueron muy pocos los que creían que debía estarlo. Quienes consideraban importante tratarlo eran personas más comprometidas con la fe.

Se da, por lo tanto, una ignorancia sobre el tema, no se conocen las verdaderas y profundas consecuencias del pecado sobre todo el ser humano, no hay una visión sobrenatural del origen del mal. En este caso tanto los alumnos iniciales como los avanzados no muestran un diferencial significativo y aunque los mayores son más explícitos en referir que los pecados serían problemas psicológicos, los de años iniciales también expresan una vaga idea en esa perspectiva, lo que hace pensar que dicha visión ideologizada se ha abierto paso en la sociedad, quizá incluso a través de los cursos de psicología escolar.

Se presentan en este caso diversas situaciones sumamente graves que van más allá de la experiencia o la instrucción universitaria llevando el problema a una dimensión más amplia, pero sin dejar de hacer notar que ese vago o confuso sentir va adquiriendo forma en la medida en que un reduccionismo psicologista se va imponiendo en la mente y experiencia del alumno de psicología.

 

CONTINUA ...

IV. Jesucristo, Único Reconciliador

 

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Esta investigación de campo ha sido realizada en diversas universidades en Santiago de Chile.

Obviamente en esta exposición me hago responsable de la forma de exponer los puntos según mi personal entender.

Luis Fernando Figari, Nostalgia de infinito, Fondo Editorial, Lima 2002, p. 8.

Ver Catecismo de la Iglesia Católica, 27ss.


 
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Fuente:
© Sebastián Blanco Eguiluz.. Texto de la ponencia presentada por el autor en las Jornadas de Psicología y Pensamiento Cristiano realizadas en la Pontificia Universidad Católica Argentina,  27 y 28 de agosto de 2004. Ha sido publicado en el libro Bases para una Psicología Cristiana. Actas de las Jornadas de Psicología y Pensamiento Cristiano, Pontificia Universidad Católica Argentina, Buenos Aires, 2005.

 

 

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