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EL INCONSCIENTE (continuación)

Autor: Rudolph Allers, M.D., Ph.D.

 

 

I

Sólo estados mentales conscientes pueden ser observados y haciéndose, de esa manera, materia de afirmaciones factuales. Cualquier afirmación que el psicólogo pueda hacer sobre un estado mental inconsciente es necesariamente de naturaleza hipotética. Tal hipótesis puede ser muy plausible o incluso indispensable. Es, no obstante, una hipótesis. Ninguna ciencia puede, sin embargo, llegar a una presentación consistente de su materia de estudio sin depender de hipótesis explicativas. A tales hipótesis llamamos teorías cuando parecen proporcionar la más inteligible explicación posible de las relaciones entre los hechos observados. Esto lo debemos tener en cuenta por dos razones que son, paradójicamente, opuestas una a la otra. La primera reside en el hecho de que el reconocimiento de la naturaleza hipotética de la noción de inconsciente hace cuestionables ciertos supuestos que hoy gozan de aprobación general y así pone las bases para una evaluación crítica de la noción. La otra razón, sin embargo, consiste en que la misma situación prevalece respecto a otras afirmaciones, tanto de sentido común como de psicología. Va a quedar claro a lo largo de esta discusión que constantemente utilizamos tales interpolaciones hipotéticas sin darnos cuenta de ello. En otras palabras, vista del ángulo de elaboración sistemática de una ciencia consistente de la psicología, la noción del inconsciente no es una novedad.

Antes de proceder a un examen del lugar o legitimidad de la noción de inconsciente, es recomendable investigar los hechos que han sugerido la suposición de la existencia del inconsciente. Por ahora, trataremos solamente hechos e hipótesis a los que se refiere la psicología freudiana y varias escuelas que adoptaron ideas similares. Lo que se pueda encontrar sobre el inconsciente en escritos anteriores a la aparición del psicoanálisis se mencionará brevemente cuando tratemos las relaciones de la psicología moderna del inconsciente con doctrinas de tiempos pasados. Sobre esto, podemos decir aquí que no podemos esperar encontrar en ningún lugar una hipótesis desarrollada sobre el inconsciente que se compare a la Freud o Jung. Pero se puede mostrar, y lo mostraremos aquí, que esta hipótesis es implícitamente reconocida también por la psicología tradicional o, si se prefiere, la filosofía de la mente.

Para entender, sin embargo, el modo como Freud fue conducido a formular esta noción del inconsciente, es necesario decir algunas palabras sobre el trabajo de algunos predecesores inmediatos del psiquiatra vienés. Es también necesario tener en cuenta la mentalidad general del tiempo de Freud y las ideas que entonces predominaban en el mundo médico. De otra manera, las peculiaridades de la concepción del inconsciente de Freud permanecerían en gran parte ininteligibles. A pesar de su indubitable originalidad, Freud nunca abandonó, durante los muchos años de su carrera académica, los principios que le fueron imbuidos como estudiante y como joven médico.

Respecto del último punto, basta decir que la visión de Freud de la naturaleza humana reposaba sobre la sobrevaloración entonces —y durante mucho tiempo después— dominante de los métodos y aproximaciones estrictamente científicos por un lado, y sobre la incuestionable aceptación del evolucionismo por otro. Esta actitud no descartaba, no obstante, el reconocimiento de los fenómenos mentales como distintos de los fenómenos corporales; pero Freud estaba convencido de que en última instancia, los procesos mentales serían también descritos en términos médicos. De hecho, la terminología que Freud utiliza para hablar de los procesos mentales tiene como modelo aquella utilizada en la medicina. Ocasionalmente, sin embargo, nos cruzamos con observaciones que no parecen estar de acuerdo con esta concepción básica. Tal vez podamos encontrar una explicación para esas inconsistencias en un rasgo muy curioso de la realmente compleja personalidad de Freud, revelado posteriormente por Ernest Jones en su biografía de su maestro. Freud estaba profundamente interesado en los así llamados fenómenos ocultos, una preocupación que un "científico serio" supuestamente no debería permitirse. Según Jones, era necesaria mucha persuasión de parte de sus discípulos para impedir que Freud escribiese sobre esos asuntos 3 . No es imposible que esta preocupación de Freud manifieste una insatisfacción oculta con una visión estrictamente naturalista.

Si la perspectiva básica de Freud fue determinada por la mentalidad general de su época, fue la influencia de tres hombres la que lo inició en el camino hacia el "descubrimiento del inconsciente". Dos veces, primero a fines de 1885 y comienzos de 1886, y luego nuevamente en 1889, Freud viajó a Francia. Durante su primera estadía, asistió a las conferencias de Charcot y trabajó en el Salpêtrière en Paris. En la segunda vez fue a Nancy, donde Liebault y su joven colaborador Bernheim habían hecho del hipnotismo su campo de estudios especiales. Lo que Freud vio y aprendió en esas dos ocasiones se tornó el origen de sus ideas sobre la naturaleza de aquellos disturbios que hoy llamamos neurosis. A sus experimentos en Francia se suman aquellos realizados por el médico vienés Joseph Breuer al tratar a una joven cuyo histórico médico figura como el primero de aquellos reportados en Estudios sobre la Histeria, que Breuer y Freud publicaron en 1895.

Si bien no exactamente pertinente a este tópico, hay una influencia que aparentemente no ha recibido todavía la atención que merece. Freud era un ávido lector, cuyos intereses se extendían mucho más allá de su especialidad. Es probable, para decir lo menos, que durante los meses en que estuvo en Francia se haya familiarizado con la literatura francesa contemporánea. Eran los tiempos del apogeo del naturalismo literario, tiempos de Taine y de Renan. La novela Le disciple, de Paul Bourget, habla de un científico —psicólogo o antropólogo— cuyas enseñanzas pueden —no injustamente— ser vistas como un bosquejo de las visiones de Freud. Bourget, en efecto, era profundamente crítico con ese espíritu y señaló su destructiva influencia en varios ensayos. Estos escritos, todos los cuales anteriores a la primera publicación de Breuer y Freud, ofrecen amplia evidencia del clima intelectual predominante en Francia, y hay buenas razones para asumir que Freud no fue indiferente a esas influencias.

De Charcot Freud había aprendido que síntomas corporales pueden ser causados por fenómenos puramente mentales. Los experimentos hipnóticos de la Escuela de Nancy le habían enseñado que las acciones podían ser motivadas por razones que podían ser ignoradas por el mismo individuo. Las observaciones que Breuer había hecho en el caso de una joven que sufría de histeria apuntaban en la misma dirección.

Lo que acá nos concierne es exclusivamente la noción de Freud sobre el inconsciente y no la totalidad de su doctrina. Vamos a tratar, por lo tanto, sólo los puntos relevantes a ese aspecto, que son tres. Primeramente, el estudio de la hipnosis había mostrado que los síntomas, tanto corporales como mentales, podrían ser producidos por sugestión hipnótica, y que el sujeto, habiendo retornado a su estado normal, no sabría qué había causado el síntoma (ej. La parálisis de un miembro, la pérdida de la sensibilidad cutánea en una cierta área, etc.). El síntoma desaparece cuando se le dice al sujeto en una segunda sesión hipnótica. Esto muestra que una disposición artificialmente creada, de la cual el sujeto no es consciente, puede tener efectos duraderos. En segundo lugar, que este efecto no necesita ser producido inmediatamente durante el estado hipnótico, sino que se le puede hacer aparecer algún tiempo después de que el sujeto se despierta; esto es lo que se llama "sugestión post-hipnótica". Este es, en realidad, un nombre equivocado, puesto que no es la sugestión, sino su efecto, lo que es post-hipnótico. En tercer lugar, que un proceso similar se puede iniciar sin hipnosis, como lo mostró el caso de Breuer. El comando de la hipnosis es, por decirlo así, remplazado por alguna necesidad imperativa en la mente del sujeto de "olvidarse" de un cierto evento.

Este "olvido" resulta ser de naturaleza distinta a lo que usualmente así se denomina. La diferencia consiste en que aparentemente no hay acceso posible al dato o experiencia olvidados si no es en la hipnosis. Igualmente Breuer en su caso sólo fue capaz de traer ciertos eventos nuevamente a la consciencia a través de la hipnosis. Para distinguir este tipo de desaparición de la consciencia del olvido ordinario, se le llamó "represión".

Puesto que el dato reprimido se volvió inaccesible y no puede ser recordado como lo que ha sido confiado a la memoria, se pensó que el dato reprimido estaba en un "lugar" distinto a la memoria ordinaria.

Se sabe comúnmente que algunas memorias están, por decir así, a la mano, y emergen a la consciencia cuando se necesita o incluso espontáneamente. Hay también grados de accesibilidad. Algunas veces tenemos que buscar en la memoria y hacer un esfuerzo para traer de vuelta lo que la memoria ha preservado. No hay, sin embargo, ningún obstáculo absoluto que impida que tales datos regresen a la consciencia. A la región de la mente que contiene esas memorias Freud denominó "subconsciente", mientras que de los datos ordinariamente inaccesibles dijo que se volvieron "inconscientes" o que se ubicaron en el "inconsciente".
Es necesario explorar un poco más esta idea. La mente humana no puede pensar sino en términos de experiencia sensorial. Incluso cuando hablamos de cosas fuera del espacio y del tiempo, no tenemos otras expresiones a nuestra disposición. Parece natural e incluso inevitable que pensemos en la memoria como una especie de espacio, un depósito, donde todo lo confiado a la memoria es guardado. Así, es comprensible que también Freud haya utilizado esa imagen espacial. Obviamente él no concebía la mente como un recipiente espacial, pero consideró las metáforas derivadas de la especialidad mucho más adecuadas que lo que otros psicólogos y filósofos habían considerado. En sus escritos teóricos sobre lo que llamó "metapsicología" habla de una reflexión "topológica". Y los términos "capas" o "estratos" de la mente son tomados por él —y por muchos que lo sucedieron— en un sentido algo literal. Así, el nombre de "psicología profunda" pasó a ser utilizado por varias escuelas que asumen la existencia de estratos "profundos" de la mente, de una profundidad a la cual se debe adentrar para descubrir qué ha sido reprimido y así vuelto inaccesible al recuerdo ordinario.
Tales metáforas son, en efecto, inevitables. Son también peligrosas, porque su naturaleza metafórica es tan fácilmente olvidada que acaban por ser tomadas como descripciones, mientras que son, de hecho, sólo analogías, muchas veces de tipo cuestionable.

En realidad, estas metáforas pueden ser sustituidas por otras. En lugar de hablar de estratos más y menos profundos, se puede igualmente hablar de áreas concéntricas, más o menos distantes de la consciencia, y así hablar de una "psicología de la distancia", en lugar de una "psicología profunda" 4 .

Los estudios con el hipnotismo, así como el análisis del caso de Breuer revelaron la capacidad de producir síntomas que tienen las experiencias olvidadas o reprimidas de naturaleza emocional. Experimentos como estos se han realizado por doquier en un pasado reciente. Posteriores investigaciones de Freud lo condujeron a asumir —o como creía él, demostrar—que se debe regresar a un pasado distante, y que los disturbios neuróticos eran causados por experiencias de la infancia. Él concebía, sin embargo, el inconsciente, que supuestamente "contenía" todo lo reprimido, como originalmente "vacío". Incluso cuando posteriormente admitió que tales experiencias podían ser anteriores al nacimiento, aún así las consideraba como tales, es decir, como impresiones recibidas por una mente que podía ser descrita, en el sentido de Aristóteles y otros, como tabula rasa. Esta idea tiene un rol relativamente insignificante en la doctrina de Freud, pero debe ser mencionada aquí pues es una de aquellas en las que la psicología de Jung se diferencia de la de Freud.

 

CONTINUACIÓN...

 


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