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    EL ESTRÉS , ¿UN PRODUCTO DEL SIGLO XX?
    Breve recorrido por la historia del diagnóstico y tratamiento del estrés

    Autor: Liliana Casuso Ferrand.

     

     

    CONCLUSIÓN

                Hasta aquí, vemos que continúan las posibilidades de investigación técnica y científica que podrán ir perfilando mejor la comprensión del fenómeno del estrés. Sin embargo, si tomamos este recorrido breve en su conjunto, vemos cómo desde hace siglos se plantean intuiciones valiosas para la comprensión del estrés en la perspectiva de la relación mente-cuerpo y basadas no sólo en técnicas sino, sobre todo, en la experiencia clínica. Algo que resulta de particular relevancia es que la comprensión también integra aportes de las áreas social, ética y física, lo cual más de una vez se puede perder con la tendencia a la “especialización” en el conocimiento. Estos aportes iniciales no sólo siguen vigentes sino que, cuando se toma en cuenta la psicología desde el siglo XVII, se enriquece el concepto de estrés con una carga de humanismo. Esto alienta a revisar otros conceptos y teorías en perspectiva histórica. La riqueza científica de la psicología contemporánea necesita tomar en cuenta siempre las intuiciones y hallazgos anteriores a la época de la valoración científica y estadística para lograr un cuadro integral que realmente ayude al ser humano.

                El problema del estrés abarca elementos físicos y psicológicos y afecta la dimensión espiritual de la persona, presentando como característica principal la percepción subjetiva de la propia falta de capacidad para responder al desafío que se le presenta. Luego de lo descrito, es claro que a nivel físico genera una serie de síntomas propios del desgaste y puede suscitar la aparición de cualquier vulnerabilidad genética en la persona como un cuadro temprano de diabetes, hipertensión, asma, migrañas, artritis, obesidad y conductas compensatorias como consumo de cafeína, chocolate, cigarro y alcohol entre otros 38.

    En el área psicológica, además de la ansiedad mencionada, propicia cuadros de pánico y puede colaborar para detonar cualquier cuadro psiquiátrico que ya exista en la persona por predisposición genética.

    Asimismo, en el área espiritual puede tener una influencia negativa al contribuir a la desesperanza y volver más difícil el propio combate espiritual contra los vicios o el cultivo de la vida interior. Definitivamente, nada determina absolutamente al ser humano; pero como unidad que es, sí es necesario considerar cómo resulta influenciado por factores diversos.

    A la luz de lo expuesto, es importante considerar también que no toda persona agotada o con un ritmo de tensión intenso está estresada, y al mismo tiempo, no toda situación de estrés es negativa. La vida misma implica un dinamismo de conquista, de combate y de logro de metas según los propios ideales, y en esta línea, la vivencia de experiencias estresantes e intensas, si son de corto plazo y adecuadamente afrontadas, fortalece y prepara al sujeto para nuevas luchas. El aporte sobre los estresores crónicos y el efecto negativo en la salud nos ayuda a evitar situaciones de negligencia propia, ya sea a nivel de consentir hábitos de pensamiento distorsionados, estilos de vida caóticos o incluso metas que encajen con un criterio exclusivo de “productividad” y que conlleven un estilo de vida deshumanizante. El fin es servir al hombre en todo su ser integral y en ese sentido, fortalecerlo y prepararlo mejor para la fascinante aventura de vivir.

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    38 Ver B. Mc Ewen, ob. cit., pp. 55-95.

     
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      Fuente:
    © Casuso, L. (2006).  El estrés, ¿un producto del siglo XX? Breve recorrido por la historia del diagnóstico y tratamiento del estrés. Revista VE, 62, Setiembre-Diciembre de 2006, Año 21.

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