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    EL ESTRÉS , ¿UN PRODUCTO DEL SIGLO XX?
    Breve recorrido por la historia del diagnóstico y tratamiento del estrés

    Autor: Liliana Casuso Ferrand.

     

     

    Hans Selye es considerado por muchos como el “padre del concepto moderno del estrés”.

    Una breve mirada histórica                     

    Siglo XX

    Hans Selye y la sistematización del estudio del estrés

                Tomando los avances de Cannon, Hans Selye descubrió que en sus pacientes (1936) se presentaban ciertas constantes biológicas independientemente del tipo de enfermedad que sufrieran. A partir de dicha observación fue desarrollando una definición de estrés basada no ya en el estímulo (como la de Cannon) sino en la respuesta que dan las personas durante situaciones estresantes 19. Por el desarrollo sistemático que realizó desde entonces, Selye es considerado por muchos como el “padre del concepto moderno de estrés” pues marcó un hito insoslayable en el desarrollo de dicha noción 20.

                De acuerdo a Selye, el agente desencadenante del estrés es siempre algún elemento que atenta contra la homeostasis del organismo. El estrés sería la respuesta no específica del organismo ante cualquier situación demandante, ya sea que se trate de un efecto mental o somático 21. En un inicio, Selye consideraba que la respuesta de estrés era un mecanismo inherente a la situación: cada vez que se diera una demanda al organismo, se produciría una respuesta defensiva con el fin de proteger y propiciar la adaptación; él no encontraba diferencias en las respuestas dadas frente a estímulos agradables o desagradables 22.

    El sistema endocrino

                Selye consideraba que esta respuesta de estrés era estereotipada e implicaba una activación del eje hipotálamo-hipofísico-suprarrenal y del sistema nervioso autónomo.
                Tal proceso recibió el nombre de “Síndrome General de Adaptación” (SGA) y fue descrito como un proceso de tres etapas diferenciadas 23:

    a.         Alarma: Se presenta en toda persona cuando el organismo percibe un agente que identifica como nocivo. En esta etapa de alarma se da una respuesta inicial de adaptación presentando diferentes síntomas y movilizando defensas para responder a la posible amenaza.
    b.         Resistencia: La anterior fase no puede mantenerse por mucho tiempo y da lugar a la etapa de resistencia, en la cual el organismo busca adaptarse al agente nocivo —también denominado estresor— y desaparecen los síntomas iniciales.
    c.         Agotamiento: Si el estresor continúa de manera crónica, finalmente el organismo ingresa en la etapa de agotamiento donde reaparecen los síntomas y se produce una ruptura de los procesos de recuperación, siendo incluso posible que el proceso culmine con la muerte.

                Luego de una mayor evolución de su teoría, en 1974 Selye hizo una distinción entre estrés positivo y negativo. Llamó “eustrés” al estrés que se asocia a sentimientos positivos y procesos fisiológicos de protección y denominó “distrés” al estrés que se relaciona con sentimientos negativos y funciones destructivas para el organismo 24.

                Posteriormente, amplió el concepto al afirmar que el estresor no era exclusivamente de naturaleza física sino que también podía ser de naturaleza psicológica, como ocurre en el caso de emociones tales como el temor, la alegría, el odio, etc. Incluso consideró el factor psicológico como el más frecuente activador de respuestas ante situaciones estresantes, aunque dejando claro que no puede ser considerado como el único factor 25.

                El modelo del estrés, entendido como respuesta, ha recibido diversas críticas. Entre las principales, se cuestiona si las reacciones de las personas ante el estrés son en realidad tan uniformes como Selye plantea 26. Resulta importante agregar que al realizar estudios comparativos de respuesta ante situaciones consideradas “universalmente estresantes” se encuentra que no todas las personas se estresan y por el contrario, algunas se fortalecen, lo cual luego dará pie a que la actual psicología positiva proponga el “fortalecimiento del yo” como fundamento terapéutico.

                También se le critica a Selye el que considere la respuesta como automática y el que afirme que la persona se encuentra bajo estrés sólo cuando se presenta la fase de adaptación general, dejando minimizado el aspecto psicológico 27.

                No obstante estas críticas, los trabajos de Selye abrieron un nuevo e importante campo de investigación en la medicina y aportaron argumentos para postular que un estímulo psicológico puede provocar una respuesta fisiológica; al mismo tiempo, ofrecieron un marco teórico que posibilitó las investigaciones sobre el estrés en las ciencias de la salud.

                Un desarrollo posterior sobre la concepción del estrés, que además significó valiosos aportes en el ámbito de la biología, es el del especialista en neuroendocrinología Bruce McEwen (1999) quien propone una formulación del estrés como “carga alostática”. Aprovechando el concepto de “alostasis” (Sterling and Eyer, 1988), que significa “mantener la estabilidad a través del cambio”, este investigador plantea que el desgaste propio del estrés es parte de la naturaleza humana y que las situaciones estresantes, a corto plazo, incluso tienen una función protectiva ya que nos habilitan para luchar frente a las amenazas, dificultades y obstáculos. El problema reside cuando los estresores son crónicos y dificultan la recuperación del organismo. La “carga alostática” se referirá entonces al wear and tear [= desgaste] que el cuerpo experimenta durante repetidos ciclos y que no permiten la “conexión” y “desconexión” de las respuestas necesarias. Uno de los efectos más dañinos es la supresión del factor protectivo que tiene el sistema inmunológico en el organismo contra las enfermedades 28.

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    19 Ver H. Selye, The Stress Concept: Past, Present, and Future, en, C. L. Cooper (ed.), Stress Research. Issues for the Eighties, Wiley, New York 1983, pp. 1-20.

    20 Ver S. Breznitz y L. Goldberger, Stress Research at a Crossroads, en, L. Goldberger y S. Breznitz (eds.), Handbook of Stress. Theoretical and Clinical Aspects, Free Press, New York 1993, pp. 4-6.

    21 Ver B. Sandín, ob. cit., pp. 3-52.

    22 Ver H. Selye, ob. cit., pp. 1-20.

    23 Ver R. S. Lazarus y S. Folkman, Estrés y procesos cognitivos, Martínez Roca, Barcelona 1986.

    24 Ver R. S. Lazarus, From Psychological Stress to the Emotions: A History of Changing Outlooks, en, Annual Review of Psychology, nº 44, 1993, pp. 1-21.

    25 Ver H. Selye, ob. cit., pp. 1-20.

    26 Ver R. S. Lazarus, From Psychological Stress to the Emotions, ob. cit., pp. 1-21.

    27 Ver S. E. Hobfoll, ob. cit., pp. 513-524.

    28 Ver B. Mc Ewen, ob. cit., pp. 135-145.


     
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      Fuente:
    © Casuso, L. (2006).  El estrés, ¿un producto del siglo XX? Breve recorrido por la historia del diagnóstico y tratamiento del estrés. Revista VE, 62, Setiembre-Diciembre de 2006, Año 21.

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