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ÉTICA Y PSICOTERAPIA SEGÚN JOSEF PIEPER

Por: Martín F. Echavarría

Josef Pieper

Resumen:
La relación entre ética y psicoterapia está presente en los escritos de Freud mismo, aunque sea en perspectiva “post-moral”. Otros psicólogos contemporáneos (Fromm, Seligman, etc.) han señalado la relevancia de la noción clásica de virtud. Pero, aún antes que ellos, el filósofo católico Josef Pieper había subrayado la importancia de la virtud para la caracterología y la psicoterapia, poniendo de manifiesto los puntos de contacto entre la moral de santo Tomás de Aquino y la Psicología individual de Alfred Adler, así como la interpretó el psiquiatra y filósofo vienés Rudolf Allers. Una psicoterapia integral no apuntará a un mero equilibrio burgués de las emociones, sino a la excelencia. Por eso para Pieper no hay auténtica salud psíquica fuera de la virtud, la gracia y la mística.

1. Ética y caracterología

Un aspecto poco conocido de la obra de Josef Pieper es su visión de la psicología contemporánea. Este tema está dentro del campo natural de sus intereses, la antropología y la ética, y se pueden encontrar en sus escritos sobre estas materias importantes y lúcidas observaciones sobre la psicología, además de un par de artículos específicamente dedicados a este argumento. El centro en torno al cual giran estas consideraciones es el de la relación entre ética y psicología, y de ésta especialmente la psicoterapia.

Que el interés por el tema es muy genuino, lo atestigua su artículo de juventud “Objetividad y prudencia. Sobre la relación entre caracterología moderna y ética tomista” [1] . Aquí por caracterología moderna entiende principalmente la “psicología individual” de Alfred Adler [2] , tal como fue interpretada por algunos discípulos suyos, como F. Künkel, E. Wexberg y especialmente el psiquiatra y filósofo católico Rudolf Allers. [3] El objetivo del artículo fue dar “una motivación para prestar atención y acentuar, más de lo que se hizo hasta ahora, la relación que hay entre la ética tomista y los resultados de la psicología individual” [4] . Se puede suponer que tal conexión con la problemática de la psicología influyó en la visión tan realista, en el sentido genuino del término, de la ética de Pieper.

Es sabido que “ética” proviene del griego hqoV, que significa carácter. [5] Desde la perspectiva tradicional, la ética es la ciencia por excelencia que estudia la formación del carácter. No es de extrañar, entonces, que los estudios del carácter de la psicología contemporánea, lleguen a tocarse con los de la ética. [6] Para Pieper, en la medida en que la caracterología es una disciplina “empírica”, nos muestra el hombre así como es, mientras que la ética, cómo debe llegar a ser.

[...] la caracterología, no importa la tendencia que tenga, se toca en puntos esenciales con la ética, y en este sentido tampoco importa si ésta tiene un fundamento religioso o es autónoma o si es formalista o “material”, intectualista o voluntarista. De alguna manera se ocupa toda caracterología del ser del hombre, y es más, del común e inmediato fundamento esencial de todas las más sutiles acciones. Y ya que toda ética de alguna manera está orientada al deber ser del hombre, así se comportan ética y caracterología, hablando en forma sumaria y provisoria, entre sí, como deber y ser. Ambas ciencias se suponen mutuamente, ambas coinciden en última instancia en la pregunta acerca de la esencia del hombre. [7]

La conexión entre ética y psicología fue señalada también por representantes de la psicología contemporánea, no sólo por autores como Allers, sino también por E. Fromm, que es uno de los autores a los que en otros contextos Pieper hace referencia [8] :

Generalmente se considera que la psicología es una ciencia relativamente moderna, y esto porque el término ha entrado en el uso general sólo en los últimos cien, ciento cincuenta años. Pero se olvida que hubo una psicología premoderna, la cual duró más o menos desde el 500 a. C. hasta el siglo XVII, pero que no se llamaba “psicología”, sino “ética” o, con más frecuencia aún, “filosofía”, aunque se trataba justamente de psicología. ¿Cuáles eran la sustancia y los fines de tal psicología premoderna? La respuesta puede ser sintetizada así: era el conocimiento de la psique humana que tenía como meta el mejoramiento del hombre. Ella tenía, por lo tanto un propósito moral, se podría decir incluso religioso, espiritual.

[...] Aristóteles ha escrito un manual de psicología que ha intitulado, sin embargo, Ética. [...] En Tomás de Aquino se encuentra un sistema psicológico del cual se puede probablemente aprender más que de gran parte de los actuales manuales de tal disciplina; se encuentran en él interesantísimos y muy profundos tratados de temas como narcisismo, soberbia, humildad, modestia, sentimientos de inferioridad, y muchos otros.[9]

2. El carácter neurótico

Pieper sigue la concepción adleriana del carácter neurótico, al que define por su gran egocentrismo, orgullo y vanidad. Éste egocentrismo estaría, para la psicología individual, radicado sobre la base de una enorme inseguridad resultante de un complejo de inferioridad. Para dominar la angustia que derivaría de esta inseguridad radical, el neurótico estructuraría su vida para apoderarse de la realidad, de modo directo u oblicuo, con sus “arreglitos”, que le sirven para transformar su debilidad en elemento de control de la situación. Dice Pieper:

El rasgo capital que sirve de denominador común a los más diversos tipos de neurosis parece ser un “ego-centrismo” dominado por la angustia, una voluntad de seguridad que se encierra exclusivamente en sí misma, una incapacidad para “abandonarse” que ni por un solo instante cesa de ser el centro de su propia mirada; en suma: esa especie de amor a la propia vida que cabalmente conduce a la pérdida de ella. No deja de ser sintomática la circunstancia, en modo alguno casual, de que los actuales caracterólogos hayan recurrido más de una vez en forma explícita al adagio: “El que ama su vida, la perderá”. Porque fuera de su inmediata significación religiosa, este adagio constituye la más literal expresión del dato que la caracterología y la psiquiatría han sabido constatar: “El riesgo a que se expone el yo es tanto más grave cuanto mayor la solicitud con que se busca su protección”. [10]

Pieper sostiene que en la base de estos trastornos de la “esfera psico-vital” están los vicios, especialmente la pusilanimidad y la falta de generosidad que brota del amor desordenado de sí mismo: “Mérito es de la caracterología moderna, edificada sobre el fundamento de la psiquiatría, el haber advertido que la falta de valor para hacer frente a las injurias y para consumar la entrega de sí debe ser contada entre las más profundas causas de enfermedad psíquica.” [11]

El egocentrismo y la voluntad de poder del neurótico le hacen perder la mirada objetiva sobre la realidad y el sentimiento de comunidad. Por eso, la propuesta de Pieper será el redescubrimiento de las virtudes morales, en particular de la prudencia y de la justicia:

Con esto, vamos más allá, entrando ya en las cuestiones éticas que se presentan más a fondo en la siguiente sección. Sobre la comparación entre la ética tomista y la caracterología moderna, no queda sino considerar que: El núcleo de todas las neurosis es la absolutización del yo, la mirada exclusiva del hombre hacia sí mismo, el egocentrismo, la falta de objetividad y de sentido comunitario. Condición y expresión de salud psíquica es la orientación del hombre hacia la realidad objetiva, la renuncia al yo, la objetividad en el reconocimiento y en la acción, el “sentimiento de comunidad”. [12]

 

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  Fuente:
© Martín F. Echavarría - 2004
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