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En la escuela adleriana, la psicoterapia es en el fondo pedagogía. Se trata de reeducar el carácter para que se conforme con los fines reales de la naturaleza humana.
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Allers lo asume pero “desde lo alto”, a partir de una visión más profunda del ser humano, dada por la antropología cristiana.
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Proceso de transformación del carácter neurótico, la curación es considerado como una conversión, metánoia, un cambio de la mente.
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La transformación interior que lleva a la salud, comienza por la humildad, que vence a la soberbia, la voluntad de poder que es el motor oculto del carácter neurótico. Esto no se puede hacer sin ser movidos por el amor auténtico. Junto a éstos coloca la verdad; el lema de su labor terapéutica era “La verdad os hará libres”.
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El papel del psicoterapeuta es secundario y auxiliar. Se trata de quitar los impedimentos al desarrollo de estas fuerzas curativas en el interior de la persona, a través del amor.
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Esto implica un cierto grado de desarrollo moral y espiritual por parte del terapeuta que muy a menudo es tomado como ejemplo por quien necesita ayuda.
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En la perspectiva “desde lo alto”, psicoterapia y dirección espiritual no sólo no se contraponen, sino que convergen.
“El psicólogo no puede menos de reconocer con modestia los límites de sus posibilidades y respetar la individualidad del hombre sobre el que ha de pronunciar un juicio; deberá esforzarse por percibir en todo hombre el plan divino y ayudar a desarrollarse en la medida de lo posible”.
Fuente: Resumen hecho por la Asociación Católica de Psicología. Martín Echavarría. Rudolf Allers, psicólogo católico. Revista VE #57. Enero-Abril de 2004, Año 20. Lima, Perú. 152pp Comentarios Imprimir
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