Es el hogar y su familia el ambiente en el que el niño se desenvuelve desde su nacimiento, siendo fundamental en el desarrollo de su personalidad; por lo tanto, los padres que son las personas más cercanas se convierten en las figuras en las que el niño satisface sus necesidades físicas y afectivas, figuras de apego, modelos a imitar por parte de los hijos. La formación, moral y espiritual, la formación de los valores y la personalidad de los niños depende de la congruencia que haya entre el comportamiento y el pensamiento de los padres. De la misma manera, la relación de encuentro que los padres tengan con Dios servirá como base para que los hijos también se relacionen con Dios, aproximándose a Él como un Padre, con confianza y seguridad.
Si bien todos los seres humanos pasan por las mismas etapas del desarrollo, niñez, adolescencia, adultez y vejez, cada persona tiene su propio proceso de crecimiento y madurez en cada una de esas etapas, lo que implica que las personas encargadas de educar a los niños tengan en cuenta que su formación debe ser progresiva y personalizante, es decir, de acuerdo a cada etapa evolutiva y de acuerdo a los progresos que está teniendo cada niño particular.
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