Buscador

¿Los Transtornos Bipolares afectan la vida de fe?

(Respuestas a la Sección Preguntas y Respuestas)

Estimado Mariano, muchas gracias por escribirnos.

 

El Trastorno Bipolar es un trastorno del estado de ánimo que se caracteriza por la presencia de dos etapas que suelen ser polares, de ahí su nombre, una etapa es la fase de depresión en la cual la persona experimenta un incremento de la tristeza, negativismo y desesperanza y una reducción de la motivación, del disfrute de las cosas que antes le alegraban, entre otros síntomas. En el caso de la otra fase, la hipomaníaca, la persona suele elevar su nivel de actividad, se vuelve expansiva en su trato con los demás, en la expresión de su afecto, puede ser más irritable, etc. El tratamiento para este trastorno incluye la medicación y el tratamiento psicológico para que la persona pueda equilibrar adecuadamente el desbalance neuroquímico y pueda lograr además la adaptación a las diversas situaciones de la vida.

 

Cuando la persona es muy responsable con su medicación y su terapia, los periodos de inestabilidad afectiva disminuyen y la persona puede llevar una vida normal, teniendo en cuenta que como cualquier enfermedad, hay distintos grados y cada persona reacciona diferente ante ella, esto influye mucho para su capacidad de afrontamiento y adaptación.

 

En cuanto a la fe católica, en principio, no tendría que haber ningún inconveniente para responder a ella, antes al contrario, el sufrimiento dentro de la Doctrina de la Iglesia es visto como un camino de purificación y mayor adhesión al Señor en su Pasión; llevado con esperanza y confianza en Dios puede ser muy enriquecedor tanto para quien lo vive como para sus familiares y amigos cercanos.

 

“En su amor infinito, Dios está siempre cerca de los que sufren. La enfermedad depresiva puede ser un camino para descubrir otros aspectos de uno mismo y nuevas formas de encuentro con Dios. Cristo escucha el grito de quienes se encuentran en una barca a la merced de la tempestad (Cf. Marcos 4, 35-41). Está presente junto a ellos para ayudarles en la travesía y para guiarles hacia el puerto de la serenidad recuperada” (Juan Pablo II).

Autor: Victoria E.Vásquez Comentarios imprimir Imprimir